Tomando el quinto café del día, a falta de alguna otra cosa que me haga sentir viva, voy sintiendo como mi hígado se resiente, está a punto de demandarme o de largarse de casa, francamente hoy me da igual.
Hace un rato paró la lluvia, creo que hubo granizada pero no la vi caer por más que abrí los ojos frente a la ventana amordazada por los anchos barrotes de concreto que me separan de la realidad de la calle.
Todo pasa, el tiempo, las ganas, la tarde, menos el aburrimiento de la nostalgia, "no sé donde voy, solo sé que no quiero estar aquí", recuerdo la frase de quien no tuvo el valor para soportar su grandeza.
Entonces desespero, cambio de ritmo, me distraigo, cavilo, busco y no encuentro la chispa adecuada... ella sí logró huir de mí, ahora lo entiendo mientras corre un torrente de falacias que se impregnan en la obnubilante pantalla gris-celeste de esta compu, no las puedo detener.
Torbellino de fantasmas vienen y van como mariposas a mi alrededor, vacío y alturas, blanco y negro, en medio de una certeza surrealista, no me asustan pero me dejan sin aliento, es algo raro y sin sentido. Y ahora qué?
¿Cómo seguir? ¿qué viene después? Quiero escapar, como siempre que no quiero estar pero me tengo que quedar. ¿Cómo puede alguien ser sin estar? ¿Adónde fui? ¿Será que a eso se le puede llamar la insoportable levedad del ser?... yo creo que sí, algo así o la cafeína ya se encargó de mí, por hoy.
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