Qué belleza de película, qué sensibilidad tan fina y tan profunda la de los productores de Avatar.  Puede ser que sean los FX, sobre todo matizados con ese "toque gourmet" que le da el 3D -como diría mi amigo León-, pero el film me transportó a aquella isla que añoro y que conocí hace tiempo en cada línea de Utopía, misma que ahora puedo describir bajo otro sinónimo: el de Pandora, en su lado supuestamente inhóspito, claro.

También me recordó un legado tan nuestro y tan ancestral que ni siquiera sé si todavía alcancé a tener un poquito de su pureza en mis venas, el de los Mayas, con toda su cosmovisión, su respeto y pasión por ser uno solo con la naturaleza, por establecer "el vínculo" como lo hacen Los Na'Vi con su árbol sagrado y con cada uno de esos animales que los eligen para que puedan volar. 

En esas dos horas deseé que esas imágenes se las hicieran ver una y otra vez, aunque sea como castigo o un llamado a la oscura conciencia de todos aquellos mercenarios usureros que acaban con nuestros recursos minerales, sobre todo, sin que les importe que la gente de los alrededores clame con coraje por su hogar y por el respeto a su esencia, a sus raíces... esa gente que hay que volver enemiga para poder justificar el ataque, como decía el más malo de le película, seguramente otro buen fan maquiavélico.

En fin, aprendí tantas cosas, me maravillé con casi poder tocar las esporas, las flores tímidas y los halos de luz, sentí tan real la frescura de las plantas y de esas aguas transparentes, que hoy veo las cosas de otro color y ¡quiero repetirlo! 

No había vivido algo parecido desde La Vida es Bella, tampoco sé cuanto me va a durar, creo que es raro que una cinta del vanal Hollywood cause ese tipo de emociones positivas, pero lo agradezco  Definitivamente, a Avatar también le daría un Oscar.